revolucion obrera
Con profundo dolor y pesar los proletarios revolucionarios enviamos un mensaje de solidaridad a las víctimas y familiares de la tragedia ocasionada por el terremoto del 10 de agosto.
Enviamos igualmente, un saludo combativo y fraternal a los trabajadores del campo y la ciudad, a sus hijos e hijas que sin esperar nada del Estado y el gobierno de los ricos holgazanes, han desplegado sus poderosas energías acudiendo en rescate de las víctimas, auxiliando a los heridos, cobijando y dando alojo a los destechados, estableciendo las ollas comunitarias que nuevamente sirven de centros de reunión, de intercambio de ideas, de rotación de personal para acometer las distintas tareas, además de brindar comida a todo ese ejército de colaboradores, víctimas e incluso a la comunidad más necesitada que hoy, como en el levantamiento del 2021, ha vuelto a encontrar en ellas una oportunidad de mitigar el hambre.
Denunciamos y condenamos la miseria, el hambre y la opresión en que las clases dominantes han sumido al pueblo trabajador, al cual se suma ahora la tragedia del terremoto que puso al descubierto, nuevamente, las grandes miserias del capitalismo agonizante.
Así, mientras desde abajo el pueblo se puso de pie para brindar apoyo inmediato a los damnificados, desde arriba el fantoche presidente y su séquito hacían un nuevo espectáculo dando anuncios, hablando sin saber siquiera dónde estaban parados y solo cuando se hacen evidentes las urgencias, encomienda a las «Tigresas de la Patria» (con la mujer del aboganster al frente) abanderar la «ayuda solidaria»; montando otro espectáculo diario para decir que sí están haciendo algo.
Los gobernantes, incapaces de atender la tragedia humanitaria y social, las más urgente y prioritaria, hacen discursos sobre rebajar impuestos a los capitalistas, mientras calculan las multimillonarias ganancias que dejarán las donaciones extranjeras, la reconstrucción de viviendas y de vías, la reparación de edificaciones públicas y monumentos, los dividendos del comercio…
Y en el colmo de la indolencia, la prepotencia militarista y la bestialidad que desde ya caracteriza a los gobernantes de turno, el alcalde de Cali Alejandro Eder, decretó el toque de queda nocturno, argumentando «proteger la vida de los ciudadanos, asegurar las zonas afectadas y facilitar las labores de búsqueda y rescate de personas atrapadas»; medida frente a la cual personas humanitarias, solidarias y sensatas replicaron: «¿bajo qué techo pasarán la noche quienes perdieron su vivienda?, ¡No represión y órdenes absurdas: mayor iluminación y más linternas para trabajar en el rescate así sea de noche!» Haciendo evidente que tal medida solo es un pretexto para militarizar la ciudad y sembrar miedo y zozobra.
Es claro que a los capitalistas y sus representantes en el Estado y el gobierno solo les preocupa la ganancia y la defensa de su propiedad privada; por eso, ante cualquier eventualidad siempre recurren a las medidas represivas para aplastar cualquier intentona del pueblo en contra de la resignación que le proponen.
Por supuesto, todos ocultan la ineptitud del Estado y los gobernantes que defienden sus asquerosos privilegios, incluidos los del “gobierno del cambio” que han desembolsado desde 1990 billones y billones de pesos a los mercaderes de la muerte (la salud hecha negocio) y ninguno ha sido capaz de construir un hospital de tercer nivel en el Chocó, a pesar de que todos, absolutamente todos, hablan de las regiones olvidadas y del Chocó en particular, cuando están en su campaña politiquera cazando votos.
Además, ocultan a los criminales constructores detrás de las grandes edificaciones colapsadas, que por ahorrar en materiales, se pasan por la faja el cumplimiento de las normas antisísmicas, frente a los cuales los funcionarios venales del Estado se hacen los de la “vista gorda” dejando pasar licencias impasables.
Hablan de las víctimas en general y en la mayoría de los casos, los medios muestran la preocupación por los afectados de las grandes edificaciones colapsadas, mientras soslayan la tragedia que significa para quienes han dedicado toda su vida a construir un rancho o una vivienda medio decente en los barrios periféricos. No es una casualidad ni una maldición divina, que siempre los fenómenos naturales castiguen principalmente a los habitantes de los barrios populares y marginados.
Ocultan celosamente que la causa de esa aparente discriminación “natural” se encuentra en las profundas desigualdades sociales; donde unos pocos ricachones, dueños del capital, han sitiado a la inmensa mayoría de los pobres, superexplotándolos de tal forma y en tal magnitud, que los han obligado a vivir hacinados en construcciones de mala calidad y ubicadas en zonas erosionadas o de alto riesgo.
¿Y qué decir de los grandes señores del comercio? Además de quejarse de sus “grandes pérdidas” causadas por el terremoto, empiezan a esconder víveres y mercancías para convertir la desgracia presente en otro motivo para amasar ganancias con la especulación que ya se anuncia.
Así, el terremoto pone al descubierto las peores miserias y aberraciones del sistema, de sus gobernantes, de sus clases parásitas y de toda su institucionalidad inservible e irracional; le corresponde al pueblo trabajador en consecuencia, hacer que el terremoto contribuya a remover los cimientos de esta sociedad caduca y decadente.
No existen salvadores supremos y la iniciativa creadora que surge de las entrañas del pueblo solidario, de sus manos laboriosas, de su labor anónima y sacrificada, está demostrando que es posible avanzar en esa dirección. Por eso proponemos a nuestros hermanas y hermanos, compañeras y compañeros, camaradas de sufrimientos, luchas, esperanzas y sueños:
- Generalizar los Comités de Solidaridad, uniendo las organizaciones sociales, las Juntanzas, los Parches y todas las iniciativas creadas con independencia del Estado y el gobierno para llevar la solidaridad a todos los rincones, especialmente a los sectores más vulnerables y a las regiones olivadas.
- Realizar el inventario propio de lo recaudado, de lo entregado y de cuantos son los damnificados, con el criterio de atender realmente a los más necesitados.
- Investigar cuales son las principales necesidades de cada punto afectado, reportar y centralizar la información que se vaya recibiendo, a fin de atender las necesidades concretas y concentrar esfuerzos.
- Ya existen puntos de acopio independientes, y seguramente surgirán otros que se deben publicitar ampliamente a través de las redes sociales y demás medios disponibles para canalizar el apoyo generoso de los trabajadores del campo y la ciudad.
- Establecer con urgencia las veedurías a las instituciones estatales encargadas de recibir, administrar y entregar la ayuda a los damnificados en todos los niveles. Ninguna confianza en el Estado y el gobierno, el pueblo debe respirarles en la nuca para mermar el latrocinio en el Estado corrupto. Acciones que deben ser acompañadas de la denuncia frente a cualquier irregularidad y de la movilización inmediata.
- Todas estas iniciativas sumadas a las ollas comunitarias y demás actividades que ya se vienen realizando, con y entre los damnificados y las víctimas, tienen que servir de impulso a las Asambleas Populares que decidan democráticamente, ejecuten lo acordado y vigilen el cumplimiento de sus decisiones. Esta es una forma de ir construyendo el Poder Popular desde abajo.
Así trabajaremos para que el terremoto contribuya a remover los cimientos del orden social existente para darle paso a un nuevo Estado dirigido por los trabajadores, la nueva sociedad socialista, que acabe para siempre con la explotación capitalista, causante de las tragedias que azotan al pueblo colombiano y a los pueblos del mundo.
¡Ni el Estado, ni los politiqueros, solo el pueblo salva al pueblo!
Comité Ejecutivo- Unión Obrera Comunista (mlm)
Agosto 14 2026
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