
Compartimos a continuación un aporte sobre la caracterización de Abelardo De La Espriella y de lo que sería su gobierno que, sin duda se trata de las primeras tareas del movimiento en este momento. Los compañeros encuentran la forma de explicar como se identifica el fascismo en la epoca actual, en comparación del auge del fascismo de inicios del siglo XX. Esperamos que este artículo de opinión sirva de activador para que más compañeros se animen a estudiar y a escribir sobre este asunto particular, alimentando la discusión y que ésta sirva para esclarecer la perspectiva de la lucha del proletariado en Colombia.
Revolución Obrera
¿Por qué Abelardo es un fascista?
Por: Suramericanrocker y La Terrible
Abelardo de la Espriella condensa muchos de los elementos asociados al fascismo: un discurso simple pero entonado enérgicamente; un chivo expiatorio al que se le atribuye, de manera casi irracional, todos los males sociales; la invocación de valores ultraconservadores en los que se integra, de forma conveniente y simplificada, la religión y el patriotismo; la exaltación de la familia tradicional más allá de los cambios históricos o de que en países como Colombia exista un número importante de familias a cargo de madres cabeza de hogar.
Pero vayamos un poco más allá para revisar las características del fascismo histórico y las de este fascismo contemporáneo que llamaremos «fascismo de TikTok». Entre los teóricos que han estudiado sobre el tema, existe un debate sobre qué fue el fascismo y si esta es una categoría que podamos usar en la actualidad. El fascismo nació en Italia a principios del siglo XX, distintas mentes tuvieron que ver para la construcción de un discurso al que no le interesaba la coherencia sino los fines que perseguía.
El fascismo de principios del siglo XX
En 1909 aparece el manifiesto futurista, del escritor Filippo Tommaso Marinetti, en el que decía abiertamente «—Abandonemos la sabiduría (…) como ganga inútil y perjudicial!» para luego enumerar 11 puntos en los que afirmaba cosas como «Queremos glorificar la guerra—única higiene del mundo—el militarismo, el patriotismo (…) las bellas ideas que matan y el desprecio a la mujer (…) Queremos demoler los museos, las bibliotecas, combatir el moralismo, el feminismo y todas las cobardías oportunistas y utilitarias». Por los mismos años, un político que ingresó a la vida pública por vía del Partido Socialista empieza a tomar distancia de la postura a favor de la clase obrera y de la correspondiente crítica a la explotación de las patronales, para acercarse a los nacionalistas de derecha: era Benito Mussolini. Pronto, estas ideas se conjugan en un mismo discurso.
Hay un ambiente de huelgas generales para conseguir una jornada de 8 horas y mejores condiciones laborales. La respuesta de Mussolini y de su organización es la creación de escuadras paramilitares para atacar a los obreros organizados. Los grandes industriales, la alta jerarquía de la iglesia católica y la aristocracia ven con buenos ojos al nuevo movimiento fascista. En 1922, luego de la «gran marcha sobre Roma», el Partido Nacional Fascista, con Benito a la cabeza, se hace con el poder.
En Alemania, pero también en Italia, el malestar de derrota tras la Primera Guerra Mundial alimenta un ambiente de revancha. La gran crisis capitalista de 1929 golpea a las economías ya débiles tras la guerra. Los sindicatos y los partidos socialistas y comunistas son fuertes, es la época de los llamados «partidos de masas». La posibilidad de una revolución social es real siguiendo el ejemplo de la Revolución Rusa de 1917, y los viejos sectores aristócratas y la burguesía industrial buscan alternativas y encuentran una en un movimiento demagogo que hace uso de parte de la terminología socialista para legitimarse pese a ser anti-socialista en la práctica: es el movimiento de las Camisas Pardas de Hitler que ganará las elecciones con el Partido Nazi en 1933. Ese es el contexto de la época.
La revisión de la historia, como lo pone de manifiesto el historiador Eric Hobsbawm en su libro «Historia del Siglo XX», es clara al evidenciar dos aspectos clave: primero, el fascismo no es una forma de hacer política en general, es decir, un líder de izquierda o uno liberal no pueden ser fascistas, esto es una imprecisión teórica, el fascismo, por el contrario, está ligado a la extrema derecha, es su expresión más violenta. Segundo, el fascismo es patrocinado por los sectores más poderosos de sus respectivas sociedades.
Es un freno de mano al que recurren cuando sienten que los sectores populares se fortalecen y parecen alcanzar mejores condiciones de existencia. El economista belga Ernst Mandel recuerda en su texto «El fascismo» como con los archivos de los juicios de Nuremberg, se evidenció que «la industria pesada se interesaba mucho más en la toma del poder por Hitler y en el rearme que la industria ligera, que la ‘arianización’ del capital judío no jugó ningún papel importante en la economía alemana, que el trust (monopolio) I.G. Farben tuvo un papel particularmente agresivo e importante en una serie de decisiones económicas y financieras del régimen hitleriano, etc».
Estos fascismos, que tuvieron sus propias particularidades en cada país, canalizaron el descontento de sectores medios de la sociedad y conformaron movimientos masivos capturados por las respuestas simples y contradictorias que elaboraron para explicar el malestar social. Se mostraron como anti-establecimiento, eran «los revolucionarios de la contrarrevolución», parafraseando a Hobsbawm, pero como se señaló, su postura anti-establecimiento era demagógica y tenía el fin de convencer a los incautos.
Se caracterizaron por elaborar y difundir mentiras que eran aceptadas pasivamente, ya que las mentiras sintonizaban con los prejuicios sobre los que basaban sus discursos de odio, prejuicios contra homosexuales, gitanos, judíos, extranjeros, liberales o comunistas.









